A pesar de
la estrecha vinculación que cómic y cine mantienen desde sus comienzos, la
adaptación al cómic de películas, no consiguió el mismo efecto, excepto con los
dibujos animados, - en especial los
creados por Walt Disney y Hanna Barbera - , que lograron una mejor recepción y
la creación de muchas más historietas de sus personajes cinematográficos.
Por tanto, debemos aceptar que el “padre” de los super héroes de la pantalla, es el cómic.
En 1961, la industria de los cómic-books luchaba por no caer. Los años posteriores a la guerra y, en especial la censura nacida en 1953 durante la “era McCarthy” - un senador que quería ganar notoriedad y cuyo mayor error que le valió el fin de carrera, fue acusar al Departamento de Estado de estar lleno de comunistas – trajeron la desgracia para la industria del cine y del cómic
En el primero de ellos, el cine, se crearon listas negras de actores y directores que, presuntamente, eran antiamericanos siendo perseguidos y acosados en forma vergonzosa. En el caso del cómic, el senador en cuestión otorgó audiencias a muchos detractores de esta industria que aprovecharon la investigación que el Senado llevaba a cabo sobre las causas de la delincuencia juvenil intentando demostrar que los cómics eran los causantes del problema.
Cuando el Subcomité del Senado aprobó el acta, todo el mundo estaba atacando a los cómics: el Reader”s Digest, los periódicos y el libro “La Seducción del Inocente” de Fredric Wertham – otro aprovechador – cuyo contenido eran paparruchas y tonterías, contribuyó a la decadencia de este Arte.
Como resultado
de investigaciones y torpes denuncias,
los editores formaron la ”Asociación de Revistas de Cómics de América” y
también la tristemente famosa “Comics Code Authority”, una serie de guías que
dictaban lo que se permitía y lo que no en los cómic.
Debemos agregar que, en ese entonces, algunas realidades estaban cambiando. Por ejemplo, las pequeñas confiterías, los almacenes de la clase media, en los cuales se vendían revistas, fueron desapareciendo como víctimas de los supermercados. Los escasos comerciantes minoristas que lograron sobrevivir opinaban que el poco espacio disponible podían destinarlo a algo mejor que a exhibir cómic-books.
Y también llegó la televisión. El parpadeante ojo azul se instaló en millones de salas de estar y luego en los dormitorios. El hombre que trabajaba podía instalarse al término de la jornada, en su sillón dejando que la pantalla le entretuviese sin tener que hacer el esfuerzo mínimo de leer. Los “pulps”, revistas de literatura popular que le habían distraído con sus fantásticos relatos, y que fueron las primeras víctimas de la televisión.
Los niños amaban más la televisión que sus padres porque les daba todo lo que daban los cómics y, además…sonido y la diversión de hacer “zapping” girando los mandos. Ahora el cómic se hojeaba en la puerta cuando mamá veía las teleseries, pero dejó de ser el principal alimento de la imaginación juvenil.
El cómic de América del Sur, sin embargo, había aumentado su tiraje aunque la cantidad de impresiones jamás alcanzarían los millones que se habían editado en USA. La decadencia vendría años después.
En Chile había
declinado “El Peneca” con la aparición de la revista semanal “OKEY” que tuvo un
éxito arrollador. En este semanario se publicaban muchos cómics
norteamericanos, ingleses e italianos y, además, desde su primer número se
inició el personaje que después sería independiente: “Condorito”.
También declinaron y desaparecieron otros cómics chilenos como “Ventarrón” revista en la que se inició el gran dibujante y guionista chileno Máximo Carvajal y que fue el primer y gran intento de iniciar una revista de cómics de proyección internacional.
Las primeras historietas de “OKEY” fueron inolvidables, como “El Terror Negro”, una mezcla de Superman y Batman, “Diamante Negro” un justiciero del far-west, “Pantera Rubia” una heroína de la selva, muy sexy, dibujada por italianos, “Flor Morena” otra bella de la selva de origen brasilero, “Matt Marriot” un aventurero del oeste norteamericano dibujado en Inglaterra, “Mandrake el Mago” que ya hemos comentado y “Flash Gordon” en la creación de Dan Barry,- uno de los continuadores de la obra de Alex Raymond,- que tuvo muchos admiradores que aún lo recuerdan.
Esta revista fue declinando con la llegada de los cómics norteamericanos mal traducidos en México, que llegaron como una avalancha a los países sudamericanos. Revistas impresas a todo color, con cuatro episodios completos de los superhéroes favoritos en cada fascículo que eran reediciones de la época dorada del cómic en USA. Estas fueron desplazando a las revistas argentinas de historietas que eran las más vendidas en los países sudamericanos, las que contenían también excelentes cómics, pero en blanco y negro y con muchos “Continuará”
En Chile,
nacieron los “intercambios” de revistas que consistían en que los interesados
en leer, entregaban dos y recibían una a
cambio. Luego, antes de lo esperado,
llegó la televisión que mantuvo por un tiempo a los jóvenes encerrados en sus
hogares viendo las terroríficas historias del vampiro “Barnabás Collins” en la
serie “Dark Shadows” que tuvo la mayor teleaudiencia que se recuerde.
También, sin embargo, en Chile, la Empresa Editora Zig-Zag inició la publicación de cómic-book a colores para competir con la invasión mexicana. Así, nacieron grandes revistas de aventuras como “S.O.S” de procedencia inglesa y luego, “Mizomba el Intocable”, creación del dibujante chileno Mario Igor, “Mawa la Salvaje” de Germán Gabler, “Doctor Mortis” que había nacido en la radio y que en el papel fue dibujado por varios chilenos. Además la Editorial Lord Cochrane publicó varios cómic de origen norteamericano, de la edad dorada, tales como “Jim de la Selva”, “Brick Bradford” “King de la Policía Montada” y otros.
Pero el empuje de la televisión fue inexorable y el mal gusto que prevalecía en las teleseries de ese tiempo, fue cambiando la mentalidad de los jóvenes que fueron relegando los cómics al olvido.
Así, el cómic se fue batiendo en retirada y también el cine para ser reemplazados por la TV.
Pero, como todo exceso cansa, la televisión tuvo que buscar nuevas fuentes de inspiración y recurrió,- como lo hizo antes el cine – a los seriales de superhéroes del cómic, en episodios completos. Las series de matiné de los cines, con el peligro que enfrentaba el héroe y que quedaba latente hasta la semana siguiente, murieron para siempre.
El director de DC Cómic, Julius Schwartz consideró que el entusiasmo del público por los superhéroes justicieros no había desaparecido del todo y decidió renovar algunos personajes. Partió por resucitar y renovar a “Flash”, cambiando su disfraz y encargando al dibujante Carmine Infantino que diseñara uno nuevo y elegante. Este fue el primero; luego vino “The Green Lantern” que le fue encargado a Gil Kane y la acogida de ambos superhéroes fue alentadora. Durante los años siguientes Schwartz supervisó la resurrección de “Hawkman”, que dibujó Joe Kubert, “Atom”, “Wildcat”, “Wonder Woman” y otros.
A comienzos de
los setenta se sumó a la revolución del
cómic, Stan Lee que trabajaba para la editora Timely, de la cual era director.
Durante varios años Lee había concluido que los héroes debían ser más de carne
y hueso dando nuevas formas de expresión al cómic-book. Lee partió de la base,
a diferencia de sus competidores, de que la mayoría de los lectores no eran
sólo niños, tal vez era un público juvenil pero también había adultos que ya
fueron niños, que rememoraban a los superhéroes pero que no creerían ahora en
aventuras irreales y truculentas.
Por eso, con mucho respeto por la inteligencia, fue diseñando nuevos personajes más humanos y resucitando y humanizando a otros que ya se encontraban en el limbo dándoles una personalidad distinta.
Entonces Lee le pidió a su viejo colega Jack Kirby que le ayudara a dibujar las nuevas creaciones y así nacieron “Los Cuatro Fantásticos” que se distinguieron por no ser enmascarados y muy humanos, malhumorados, irascibles, discutidores, pendencieros. Es decir, rasgos inauditos en los superhéroes. Al agregar estos grados de realismo, “Los Cuatro Fantásticos” encontró su público. Stan Lee cambió el nombre de su compañía por el de Marvel Cómic y en pocos meses creó “The Hulk” con la colaboración de Jack Kirby y luego, con Steve Ditko creó “The Amazing Spider Man”.
Estos personajes iniciaron La Edad de Plata del cómic y fueron llevados al cine varias veces, con las grandes ganancias que ello reportó y ayudó a levantar a la editora Marvel Cómic preparando el camino a héroes como “Daredavil” el detective ciego y “Elektra” su compañera.



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